Torres Mudéjares de Teruel

En España hay mucho mudéjar, ese evocador arte mestizo que resulta de la confluencia de albañiles moros y arquitectos o maestros de obra cristianos. Si el que suscribe tuviera que escoger solo una ciudad para ver monumentos mudéjares escogería sin duda Teruel y empezaría por la torre de la Iglesia de San Pedro, decorada con cilindros cerámicos, arcos ciegos de medio punto entrecruzados y ventanas de medio punto abocinadas. Después seguiría por la torre de San Martin que viene a ser un alminar almohade decorado con fajas de esquinillas, arcos mixtilíneos entrecruzados, lazos, columnas, flechas y estrellas de cerámica.


De allí caminaría hasta la torre del Salvador, otra estructura de alminar almohade, decorado con arcos mixtilíneos entrecruzados, estrellas ochavadas y ajedrezadas de azulejos. El paseo por las torres mudéjares terminaría en la iglesia de la Merced, decorada con cruces de múltiples brazos que forman rombos. No me conformaría solo con las torres, por supuesto. También pasearía por el Óvalo y por la plaza del Torico. En estos menesteres me llegaría la hora del mediodía, cuando la sociedad en su conjunto, tiene por costumbre reponer fuerzas con un merecido almuerzo.

Un almuerzo tan memorable, requiere un postre de altura, pero el que no sea muy de dulces, le recomiendo que se atenga de comer melocotones de Calanda.


La Catedral de Teruel

La catedral de Teruel merece una visita tranquila, un merodeo minucioso, por sus tres naves de mampostería y ladrillo y un examen detenido del ábside gótico mudéjar de la capilla mayor, del bello artesonado de la nave central, el más representativo de su época, 32 metros de longitud y el magnífico, cimborrio de la nave central construida en el siglo XVI.

La enorme portada meridional, historicista, neorromántica en sus trazas y neo mudéjar en su decoración, no dejara a nadie indiferente.

Mausoleo de los Amantes de Teruel


La iglesia de San Pedro tiene méritos artísticos para merecer una visita por sí misma, pero mucha gente acude a ella no solo por el arte ni por devoción sino por el morbo o el romanticismo de acercarse a la tumba de los famosos amantes de Teruel, Juan e Isabel en la vida civil, que allí reposan sus polvos enamorados. Allá he visto embobarse, en efecto, a parejas que hacen, parejas que deshacen, parejas maduras, parejas en agraz, parejas homosexuales de ellas o de ellos, parejas heteros, parejas de diferentes edades, de diferentes razas, de diferentes credos, etc.
En Teruel, después de visitar la tumba de los amantes, uno cree en esa entrega generosa a otra persona sin pedir nada a cambio, que es el amor. Abomino del novelista belga Simeón, el que escribe: “Cuando estas calculando el tono exacto del verde de sus ojos, ella está calculando el montante exacto de tu nomina”
En la iglesia de San Pedro, además de la mentada torre mudéjar, hay unas pinturas murales que nos traen a la memoria las iglesias bizantinas de Grecia, Bulgaria y aledaños y no digamos las bellísimas vidrieras procedentes de un taller catalán que trabajaba para Gaudí y los grandes arquitectos modernistas catalanes de principios del siglo XX.
Anualmente celebran los turolenses la fiesta de las bodas de los amantes Isabel y Diego, una de las más lúcidas fiestas medievales de nuevo cuño que se celebran en la Península.

Torres Mudéjares de Teruel

Albarracín, uno de los pueblos más bonitos de España

Albarracín es para muchos de los que lo visitan el pueblo más bonito de toda España. Aunque lo fundaron sobre un risco, defendido por el foso natural de un meandro fluvial, debió parecerles también el más incómodo y seguramente habrían excusado las espectaculares vistas por vivir más en llano.
Albarracín es un pueblo más vertical que horizontal que se levanta como una montaña, para representar su propia belleza de belén barroco. Es un pueblo fronterizo entre Castilla, Valencia y Aragón, que de todas partes recibió influencias, un pueblo sabio y viejo resignado a digerir lo que le depare la historia. Por sus calles y callejas, por sus cuestas empedradas, el paseante encuentra una arquitectura tradicional serrana, casonas y palacios medievales o posteriores, viviendas tradicionales, grandes balconadas, soportales, rejas trabadas y fueres, aldabas, aleros de madera, bocallaves, tabicones de yeso, portones, hostales rurales, alguna tienda para turistas, restaurante y cafeterías.
A unos cinco kilómetros entre pinos y berruecos hay cuevas con pinturas prehistóricas que representan grandes bóvidos paciendo. La de Albarracín es una visita que abre el apetito cuando no las hambres vivías. Ello se remedia con los sabrosos repuestos locales de sopas tostadas, cordero a la pastora, huevos con jamón, trucha, variados productos porcinos y de postre, para bajar pringues, las nunca suficientemente ponderadas almojabas de Ben Razón.

Puente Medieval de Valderrobres

En Valderrobres, entre altas montañas repobladas de espeso pinar, está la mágica comarca que baña al rio Matarraña. Al pueblo se accede por el bellísimo puente gótico y por el Portal de San Roque abierto en la muralla medieval. Dentro del recinto encontramos una plaza mayor, una iglesia gótica comunicada con el castillo; un Ayuntamiento renacentista y un menudeo de pintorescas calles jalonadas de interesantes casas solariegas y otras construcciones monumentales.

Plaza Mayor de Fortanete

La plaza Mayor de Fortanete, bajo la atenta mirada de su castillo medieval, está formada por un armónico conjunto de casas antañonas entre las que se descuella la bella fachada del Ayuntamiento renacentista, con su reloj de sol, la lonja porticada y la iglesia de la Purificación, tres naves, bóveda de cañón y cúpula semiesférica con linterna en el crucero.
El entorno es el pintar de Fortanete, muy adecuado, si tu pasión es el senderismo.

Castillo de Mora de Rubielos

Los esquiadores que acuden a Valdelinares pierden el turno en las pistas con tal de visitar el castillo de Mora de Rubielos. Con mayor razón deberían visitarlo al menos una vez en la vida los aficionados de los castillos.
El castillo palacio de Mora de Rubielos se yergue en el cerro eminente de la sierra de Gúdar. Es una fortaleza gótica octogonal, maciza, sin apenas vanos, distribuida alrededor de un patio porticado sobre columnas octogonales. Al castillo no le falta un perejil: puente levadizo, foso, defendida puerta, señera torre del homenaje, arcos ojivales, regios salones con algunas puertas y ventanas bastante antiguas y consistentes vestigios de azulejería palaciega.
El castillo es sede de un Museo Etnológico y en temporada estival acoge el Festival Puerta del Mediterráneo. Ya que estamos en Mora de Rubielos aprovecharemos para visitar si ex colegiata de Santa María, gótica, y admiraremos la notable capilla manierista.

Grutas de Cristal en Molinos

Dentro del Parque Cultural de Maestrazgo, que abarca 43 municipios y un gran patrimonio artístico y natural, nos dirigimos a la localidad de Molinos tras salvar el barranco de San Nicolás. Molinos presenta un interesante casco urbano con su iglesia, su plaza Mayor y sus soportales, pero es más conocido por sus famosas Grutas de Cristal (Tel. 978 849 085) en el paraje de las Graderas, a tres kilómetros del pueblo, un núcleo de impresionantes cavidades kársticas con las estalactitas y estalagmitas más bellas y extravagantes de toda Europa.

Miravete de la Sierra, donde nunca pasa nada

Los doce vecinos de Miravete de la Sierra creen que en su pueblo nunca pasa nada, o eso creían hasta que la existencia de su pueblo se divulgo en Internet como el lugar del mundo donde nunca pasa nada.
La idea de crear una campaña de internet ha sido todo un existo, porque muchos viajeros corroboran el encanto del pueblo, al que en su parvedad no le faltan monumentos urbanos, ni bellezas naturales, sin olvidar las huellas fósiles de dinosaurios que se descubren en sus alrededores, como si los gigantescos bichos, respetuosos con el anacronismo, no se hubieran atrevido a entrar en el pueblo.

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